viernes, 25 de mayo de 2007

MARIDAJE - Cuento pisquero

1. PISCO PURO, honesto, de uva quebranta. Amanece en Huacachina y el limeño bordoneo de las guitarras, anuncia la marinera. ¿Por qué seremos así? ¿Por qué cuando todos, ya heridos de farra se recogen, recién se inicia nuestra noche? ¿Por qué te sigo en estas aventuras? Son preguntas sin otra respuesta que otro pisco, otra marinera y tal vez otro pisco. ¿Qué tienes que eres capaz de tenerme aquí viendo amanecer en Ica? ¿Qué tienes?
Guitarras y cajón y ya estás inquieta. Pañuelo en mano, ahí frente a mí. No hay viento y todo es silencio alrededor, sólo se oyen las guitarras, el cajón y algunas aves madrugadoras. El cielo va aclarando y tú con el pañuelo al hombro, frente a mí. Un leve movimiento en las caderas. Se inicia el canto y avanzas, nos acercamos. En el camino nos cruzamos, me miras, un quite y seguimos. Viene la vuelta. Y otro cruce. Alguien hace palmas. Otra vez estamos cerca, hueles a noche sin tiempo, mi nariz casi toca tu rostro pero te alejas coqueta. Te me escapas inasible, vaporosa, impalpable.
Viene la resbalosa, pero antes otro pisco. Te alejas a servirlo. Desde atrás veo como caminas, la laguna te rodea, volteas y me llamas. Mientras me acerco te observo, pareces salida de las aguas, te vez refulgente, tus ojos inquietos sonrien, nuestros vasos se encuentran en las alturas y el pisco estalla en nuestras bocas. Asoma el día. Se inicia la resbalosa y las interminables fugas. Nuestra fuga también será interminable.
2. PISCO AROMÁTICO , translúcido, de diáfana uva italia. Una vieja terraza miraflorina con buganvillas y discreto el aroma del mar. Es de noche por supuesto y frente a nosotros como diamantes, dos copas de pisco. Pisco aromático. Jazz en el fondo. Un piano recóndito alimenta la insolencia de un saxo, que es díscolo y perturbador como tú.
Se juntan las horas en un minuto que condensa todas tus carcajadas. Tus sandalias reposan una sobre la otra. Tienes un bronceado natural, no planificado y un espléndido vestido de algodón que revela tus hombros. Fumas, el humo de los cigarrillos te envuelve y ríes, siempre ríes. Caminas descalza, hablando, fumando, riendo, con la copa de pisco en la mano, echando la cabeza para atrás, sacudiendo tu frondosa cabellera. El traje de algodón y la luz generosa y cómplice ante la que te detienes, me permiten adivinar la solidez de tus piernas.
¡Salud! Me dices. Alzo mi copa y toco la tuya suavemente, el aroma de las uvas llena el ambiente, al tocarse las copas, leves gotitas se deslizan por su interior. Descubro un prometedor brillo en tus ojos. Te acercas el pisco a los labios y bebes lenta y largamente.
3. PISCO ACHOLADO, mestizo, de quebranta, italia y torontel. Héctor Lavoe sueña despierto. Tú sigues su ritmo. Estás sentada pero bailas te acaloras y recoges tus cabellos atrás dejando expuesto un cuello largo, lácteo, frágil, renacentista, que me inspira.
Pero pronto me traes a la realidad, al pedirme otro pisco. Sirvo en dos grandes copas, brilla el pisco mientras cae, revienta al fondo y gira en un remolino de aromas que nos alcanzan impenitentes y constantes.
Mientras bebo, miro las pecas de tu escote, esa constelación de estrellas que definitivamente rige mi destino. Huele a madera, así huele tu vieja casa barranquina. Una ventana teatina nos ilumina mientras cae la tarde.
Saldremos al balcón, pero antes contestas el teléfono. La demora me inquieta y sirvo otro pisco. Finalmente salimos. El sol enorme, ígneo, crepuscular, parece introducirse en el océano. Fue entonces que cometiste el error de decir lo que dijiste. Dentro seguía la música. Suena Falsaria. Toca el Gran Combo.
4. PISCO MOSTO VERDE , aristocrático, finísimo, elegante, de un mosto que no fermentó completamente, tiene tu juventud. Te lo digo yo, que podría ser tu padre. Justamente en eso pienso ahora mientras te veo beber. Bebes y la banda toca un pasodoble. Justamente en eso pienso ahora cuando sonries y me preguntas por la historia de la Plaza de Acho, que por qué esto y por qué lo otro.
Suena el clarín. Tomas un gran trago cuendo sale el toro y casi coge al torero, ese que te pareció tan guapo y te saludó en el patio de cuadrillas, te acuerdas que entonces me besaste, para darme seguridad, para que no me ponga celoso.
Ahora si pareces una niña. Te pones tan nerviosa, me pellizcas, me clavas las uñas. Pero ves que no pasó nada. Finalmente venció el matador.
Mientras sale el próximo toro, tomamos otro pisco, coqueteas, me miras pícara, con esa cara tuya tan limeña. Me dices que el toro se llama Viejo y te ríes. Acepto la ironía, puedo ser el toro mientras seas tú la matadora. Sólo por verte caminar frente a mí, grácil, sutíl, ténue, ingrávida y etérea, con tu traje de luces. Sólo por verte de grana y oro. Sonríes y me besas, ahora empieza la fiesta brava. Huele a pisco, a tabaco, a tierra, a campo y a ti.

2 comentarios:

jose dijo...

Mestrito, parece usted enamorado, cada pisco es un amor, veo muchos rostros, lugares, tiempos. Me pregunto, de donde sacas cabeza pa´tanto trago carajo!!!

Lo publicaré en Mestizo julio

un abrazo

jmi

Anónimo dijo...

me encanto.... el pisco de Peru si que es UNICO E INCONFUNDIBLE..